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Deberes ambientológicos

Ya en una entrada llamada Deontología, hablamos de las normas y los deberes que los ambientólogos, como profesionales, tienen que tener en cuenta.

No obstante, existen unos deberes más personales y que realmente sólo se sienten como tales en una instancia interna, de modo que no pueden ser exigidos realmente por nadie. Estos deberes sólo nos los podemos exigir nosotros mismos, a pesar de que algunos puedan indicarnos con mayor o menor acierto cuáles son.

Para empezar, el primer deber ambientológico que nos revelan los demás, al enterarse de lo que estudiamos o hemos estudiado, es el deber de mantener un buen ambiente allí donde estamos. Es la típica broma que en ocasiones deriva al ambientólogo-ambientador. En fin. Únicamente podemos tomarnos la cosa con humor ya que probablemente en el futuro se vuelva a repetir. No obstante, aprovechando la coyuntura podemos explicar algunas cosas de las que los ambientólogos nos podemos ocupar, para que empiece a calar entre los nuestros que somos profesionales con atribuciones a pesar de no contar con legislación que las respalde como tales, más allá de los Estatutos del COAMB de Cataluña.

El segundo deber ambientológico que se le pasa por la cabeza a la gente, normalmente sin broma, y a nosotros mismos también, se refiere a la responsabilidad ambiental y al pensamiento pro-ambiental. En principio cabría suponer que todo el mundo que entra a estudiar Ciencias Ambientales tiene ideas pro-ambientales. Pero esta es una cuestión que nadie ha demostrado, que yo sepa, y en contra de la cual conoceremos algún que otro ejemplo. No obstante, creo que el colectivo de ambientólogos, por sus mayores conocimientos y capacidades, debería ser capaz de desarrollar una mayor responsabilidad ambiental que se extendiese a su entorno familiar, laboral, etc. Esta responsabilidad personal es más importante de lo que cabría pensar, porque, utilizando el eslogan del Ministerio de Medio Ambiente, "El total es lo que cuenta". Todos deberíamos poner en práctica esa capacidad que tenemos de poner un granito más en el camino del desarrollo sostenible. Así, los ambientólogos no se diferenciarían únicamente por su buen hacer profesional sino por su compromiso personal y colectivo.

Terminaré diciendo que como tercer deber ambientológico podemos pensar en la obligación de cada ambientólogo de no olvidar su procedencia. La formación multidisciplinar e integradora, recibida en mayor o menor medida por la Universidad o adquirida por nosotros mismos, nos ha convertido en profesionales particulares, capaces de extender su visión más allá de los sectores habituales en los que se compartimenta el medio ambiente. Es por ello que debemos intentar aplicar siempre en nuestro trabajo y en nuestra vida un enfoque científico que no deje de lado ninguna de las facetas que afectan al ambiente, particularmente la natural-ecológica, la social y la económica.

1 comentarios:

Eva dijo...

Hola guapo,

Buen blog, sigue con él que está muy bien, además he visto que participas en el foro de cienciasambientales.com, yo también así que hazle publicidad al blog que merece la pena que lo conozcan todos.

Un besazo!!!